La Costurera

La Costurera - Un retrato en el Museo

Por Jimena Montaña Cuéllar


"Hoy no fio, mañana sí” anunciaba en las tiendas un letrero advirtiendo ese mañana que nunca llega. Son días estos, que resumen la esencia de ese “mañana”, incierto, como de enfermedad terminal. Y entonces ante las distancias insalvables el tiempo es otro y los diálogos distintos abren rendijas para mostrar esas realidades que parecen tan ajenas.

Los museos cerraron sus puertas. Las salas vacías y más silenciosas no esperan a nadie. Pero, tal vez, las obras también han estado guardadas en las bodegas a la espera de un tema, de una mención, o sólo las hemos visto al pasar por la sala sin fijarnos ni recordarlas. Más allá de cualquier trazo siempre hay mil historias y ahora, en estos tiempos, la pausa nos permite narrarlas y sacarlas a la luz…Corramos el cerrojo para develar, los misterios guardados en el Museo…

En 1910 se celebraría en el país entero los cien años de la independencia. En Bogotá, en los terrenos del Bosque Izquierdo, se construirían una serie de pabellones para hacer una exposición que mostrara a propios y extraños el país en el que nos habíamos transformado. Se le llamará Parque de la Independencia.

“Sin hipérbole -dice una nota en la prensa- “puede decirse que el parque presenta un aspecto europeo […], los concursos han demostrado a propios y extraños de lo que somos capaces […]” . En los pabellones se expondría entonces una muestra de la industria nacional y también algo de nuestra cultura, se destacan por sus dimensiones el pabellón Central, el de las Bellas Artes y el de la Industria. El progreso, afirman los más liberales, vendría de la mano de la cultura, de ahí la importancia del pabellón de las Bellas Artes pues, “si es noble y digno de encomio el esfuerzo del ingenio humano cuando se aplican a las industrias que proporcionan al hombre el bienestar corporal, es más noble aun cuando busca en las artes el bienestar del alma y la satisfacción de sus más elevadas aspiraciones”.

La selección la haría Andrés de Santa María, pintor y director entonces de la Escuela Nacional de Bellas Artes, fundada el 20 de julio de 1886 en Bogotá, por Alberto Urdaneta y Ricardo Moros Urbina, entre otros. El edificio tenía una fachada art noveau, medía más de 40 m2, una cúpula permitía la iluminación del recinto, serviría, luego, de la exposición, como sede de la Escuela.

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